dime que consumes y te dire lo que no sabes
Tengo la costumbre de leer etiquetas. De los alimentos, generalmente.
Pero no la parte de la tabla nutricional. En primer lugar no la entiendo demasiado... Es decir, no conozco el valor energético que el cuerpo necesita, o los carbohidratos, o las grasas trans. Además es todo proporcional, y casi ficticio, porque está vinculado con la porción que se consuma. Si es un frasco de cacao en polvo, a tantas cucharadas. Si es un paquete de galletitas, a tantos gramos... supongamos dos galletitas. Si es un envase de leche la proporción de nutrientes y grasas se relaciona con un vaso ingerido.
Pero seamos sinceros, ¿quién pone una sola cucharada de chocolate en la taza? ¿Y si en un mismo día hago una torta, un pancito casero, y además se me ocurre tomarme un té con leche? No le creo a nadie que venga a decirme que abre un paquete de bizcochos y se come sólo dos. Con disimulo, para no parecer que cometo actos de gula, yo me bajo medio paquete de los de grasa. Y si están acompañados de mate, mucho mejor. Te dejan ese saborcito tan especial en la boca… Hoy en día hasta al mate le encajaron la etiqueta de los valores nutricionales. Es decir, a la yerba. No me jodan, el valor energético del mate está en una charla con amigos, una noche de estudio, una merienda con tus viejos, o un desayuno con tu pareja.
No. Yo leo los ingredientes. Algunos muy ricos! Maní, azúcar, harina de trigo, pulpa de tomate, leche entera, avena, cebada, huevo, vinagre, jugo de limón. Ya la cosa cambia cuando empiezan con los aromatizantes, los colorantes y sus variedades (algunos productos tienen hasta el número del color usado), aquellos leudantes químicos, o los gustos artificiales. Ahí te dice sabor a miel. Pero no estás ni a palos consumiendo miel. Estas comiéndote algo que tiene gusto a. Esencia de. Pero no lo es.
Señor, señora: si usted quiere simplificar el trabajo y abaratar los costos aprenda a diluir. La sopa en polvo, el puré en polvo, la leche, el jugo, el flan, las tortas, los postres, el caldo, el café. El helado también. Nadie de ensucia cocinando ingredientes, ni corre el riesgo de cortarse alguna arteria del brazo en algún accidente con el cuchillo, y nadie tiene que poner especial atención a las cantidades usadas porque todo está hecho ya. Señor, señora, sólo busque algún huevo, agua, leche y sal, quizás algún aceite. Recuerde! De diluir se trata. Y lo más importante, ya que sin eso está usted en pelotas… es la tijera. Sino cómo espera abrir el paquete? Una vez abierto, comienza la magia. El chorrito de vino es a gusto del consumidor.
¿De dónde vienen las cosas? Ése es otro punto interesante. Una vez leí que la soda que se toma en mi casa es envasada a unas cuadras de mi casa. Y después, leí la etiqueta del café que toma mi mama todos los días. Es fabricado en Brasil, pero Bolivia lo importa y lo distribuye, mientras que la marca proviene de Suiza y mi vieja lo compra en el chino de la esquina. Café, café, plomocion lela semana! Paga tarjeta! Envase! Soy chino pelo no boludo!
Pero todo es relativo! Porque uno también puede optar por comprar el café nacional, que no tiene tanta historia (o si?), y un tipo argentino como vos y yo manejó un camión por las rutas del país para distribuir el producto, y después ganar un sueldo para poder comprarse el café en alguna estación de servicio. En fin, el flujo de las cosas.
Pero no la parte de la tabla nutricional. En primer lugar no la entiendo demasiado... Es decir, no conozco el valor energético que el cuerpo necesita, o los carbohidratos, o las grasas trans. Además es todo proporcional, y casi ficticio, porque está vinculado con la porción que se consuma. Si es un frasco de cacao en polvo, a tantas cucharadas. Si es un paquete de galletitas, a tantos gramos... supongamos dos galletitas. Si es un envase de leche la proporción de nutrientes y grasas se relaciona con un vaso ingerido.
Pero seamos sinceros, ¿quién pone una sola cucharada de chocolate en la taza? ¿Y si en un mismo día hago una torta, un pancito casero, y además se me ocurre tomarme un té con leche? No le creo a nadie que venga a decirme que abre un paquete de bizcochos y se come sólo dos. Con disimulo, para no parecer que cometo actos de gula, yo me bajo medio paquete de los de grasa. Y si están acompañados de mate, mucho mejor. Te dejan ese saborcito tan especial en la boca… Hoy en día hasta al mate le encajaron la etiqueta de los valores nutricionales. Es decir, a la yerba. No me jodan, el valor energético del mate está en una charla con amigos, una noche de estudio, una merienda con tus viejos, o un desayuno con tu pareja.
No. Yo leo los ingredientes. Algunos muy ricos! Maní, azúcar, harina de trigo, pulpa de tomate, leche entera, avena, cebada, huevo, vinagre, jugo de limón. Ya la cosa cambia cuando empiezan con los aromatizantes, los colorantes y sus variedades (algunos productos tienen hasta el número del color usado), aquellos leudantes químicos, o los gustos artificiales. Ahí te dice sabor a miel. Pero no estás ni a palos consumiendo miel. Estas comiéndote algo que tiene gusto a. Esencia de. Pero no lo es.
Señor, señora: si usted quiere simplificar el trabajo y abaratar los costos aprenda a diluir. La sopa en polvo, el puré en polvo, la leche, el jugo, el flan, las tortas, los postres, el caldo, el café. El helado también. Nadie de ensucia cocinando ingredientes, ni corre el riesgo de cortarse alguna arteria del brazo en algún accidente con el cuchillo, y nadie tiene que poner especial atención a las cantidades usadas porque todo está hecho ya. Señor, señora, sólo busque algún huevo, agua, leche y sal, quizás algún aceite. Recuerde! De diluir se trata. Y lo más importante, ya que sin eso está usted en pelotas… es la tijera. Sino cómo espera abrir el paquete? Una vez abierto, comienza la magia. El chorrito de vino es a gusto del consumidor.
¿De dónde vienen las cosas? Ése es otro punto interesante. Una vez leí que la soda que se toma en mi casa es envasada a unas cuadras de mi casa. Y después, leí la etiqueta del café que toma mi mama todos los días. Es fabricado en Brasil, pero Bolivia lo importa y lo distribuye, mientras que la marca proviene de Suiza y mi vieja lo compra en el chino de la esquina. Café, café, plomocion lela semana! Paga tarjeta! Envase! Soy chino pelo no boludo!
Pero todo es relativo! Porque uno también puede optar por comprar el café nacional, que no tiene tanta historia (o si?), y un tipo argentino como vos y yo manejó un camión por las rutas del país para distribuir el producto, y después ganar un sueldo para poder comprarse el café en alguna estación de servicio. En fin, el flujo de las cosas.


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