El hidalgo

(...) Él se enfrascó tanto es su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los dias de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio. Llénosle de fantasias de todo aquello que leia en los libros, quiso batallas, desafios, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles (...)


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